MI OPINIÓN
REFLEXIÓN ACERCA DEL PODER
“Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay hombres que luchan un año y son mejores, hay hombres que luchan muchos años y son muy buenos, pero hay hombres que luchan toda la vida… esos son los imprescindibles”, (desconozco su autor).
Sin embargo, vale la pena luchar por un ideal, por un pueblo… pero no por el honor o la gloria de una persona, menos todavía por el poder de un hombre.
Sólo el poder de todo un pueblo puede garantizar el bienestar y el desarrollo de sus capacidades, más no el poder concentrado solamente en la figura de un ser humano en particular.
Los líderes que propician causas necesarias en los pueblos, deben, en primer lugar, preparar sus relevos, porque cada cabeza es un mundo, como dicen acertadamente.
Esos relevos no deben llegar al momento de morir el primer líder, sino cuando la democracia libre y participativa por decisión de los pueblos, debe hacer los cambios.
Refrescar cada cuatro o seis años las figuras en funciones de gobierno, manteniendo líneas o estrategias sociales benéficas para los pueblos, es imperioso hacerlo, porque como bien lo acotó en alguna ocasión Simón Bolívar: “No es bueno que un hombre permanezca tanto en el poder, porque el hombre se acostumbra a mandar y el pueblo a obedecer”.
Si las democracias se respetan, los hombres en el poder jamás conseguirán hacerse al mando por mucho tiempo, por defecto los pueblos deciden su futuro, no debería ese futuro depender de un capricho individual de quien ostente el poder manipulado a su favor para quedarse en él.
Amesdi Sombra.
MI OPINIÓN
UN LLAMADO A LA VERDADERA SOLIDARIDAD
Por más de 25 años he sido lo que comúnmente llaman “luchador social” aprovechando mi profesión como periodista.
He recorrido muchos lugares dentro y fuera del país, y en todos ellos he encontrado escenarios conmovedores que se desprenden de la pobreza extrema multidimensional que enfrentan miles de familias carentes de oportunidades laborales y en consecuencia, falta de educación, salud, vivienda digna, bienestar social, recreación sana, deporte y libertad de acción frente a las diversas situaciones que a diario se padecen.
Uno escribe la palabra “solidaridad” en los buscadores de internet y por lo regular este término se dibuja como: “Adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles”, no obstante, este preciso significado dista enormemente de, justamente, conseguir esos seres humanos, entidades o gobiernos dispuestos a trabajar por las “causas ajenas”.
Estamos en un año político en Colombia, muchos hombres y mujeres se enfrentarán en sus campañas para llegar a algún cargo de elección popular, pero lo lamentable de estos actos proselitistas es que todas sus actividades se centran en rimbombantes discursos cargados de mentiras y utopías y, lo peor, vendiendo una imagen de “ayudador(a)” a las personas más vulnerables (caldo de cultivo que abunda por los grandes cordones de miseria que hay en todos los pueblos y ciudades).
En estos actos políticos es cuando aparecen los candidatos aparentando ser solidarios frente las necesidades y clamores de la gente, y ante las elocuentes promesas consiguen engañar a las masas esperanzadas y estas como borregos llegan enfilados a votar por el candidato(a) que más convención con su sarta de embustes.
La solidaridad debe ser una premisa o forma de vida de los seres humanos que nacieron para servir y no para ser servidos, jamás olvidemos que quienes tienen inclinaciones políticas lo que realmente buscan es hacerse a los recursos públicos para (como si se ganara la lotería), dejar de ser pobres o seguir manteniendo su estatus de riqueza si son candidatos que llegan con algún poder económico propio o prestado.
Finalmente considero que, usar el dolor de los carentes de condiciones dignas de vida (pobres), para llegar a cualquier escaño en las escalas del gobierno, es un acto de cruda villanía y el enmarañamiento de lo que realmente significa ser solidario. Muy buenos, amorosos, ayudadores en campaña, pero una vez suben se vuelven la peor calaña como personas ente los demás y solo se centran en sacar las mejores tajadas de los presupuestos para pensionarse anticipadamente de por vida.
Felicitaciones a quienes son solidarios en todo tiempo y no se dejan tentar por la cosa política que termina endureciendo los corazones más nobles de la sociedad.
Amesdi Sombra. (Publicado en el periódico Prensa Llanera edición 151)
MI OPINIÓN
SER REVOLUCIONARIO (EN LOS NUEVE PRIMEROS AÑOS DE LA REVOLUCIÓN EN VENEZUELA)
Venezuela es hoy, y nueve años después de la llegada de Hugo Chávez a la presidencia, uno de los países cuyo gobierno se rige por los avatares de la revolución socialista – bolivariana. Pero,
¿Qué es la Revolución? ¿Cómo entender esta forma de gobierno, de vida y de subsistencia humana?
Según el diccionario, el término Revolución es: “Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación” (DRAE), entonces, partiendo de esta premisa, ¿Podríamos decir que en Venezuela ocurrió una revolución o vivimos en un país revolucionario? La respuesta definitivamente es ¡no!
Una cosa es sentirnos revolucionarios, otra muy distinta es creernos revolucionarios y otra cosa es disfrazarnos de revolucionarios. En Venezuela el término revolución arredra a la mayoría de las gentes por cuanto el proceso revolucionario ha ingresado en la sociedad en medio de una gran improvisación y bajo la tutela de unos liderazgos políticos que han seguido los direccionamientos de una sola persona y no los mapas de lo que verdaderamente es un proceso revolucionario.
No podemos desconocer que en estos nueve años se han intentado hacer cosas que han mejorado las expectativas de muchos ciudadanos y ciudadanas como por ejemplo en educación y en salud, pero la pregunta que nos debemos formular es: ¿Cuándo ya no existan los recursos económicos para sostener una educación gratuita, una salud pública dirigida por cubanos, cuando no tengamos con qué construir EPS (empresas de producción socialistas), etc., será que el pueblo venezolano seguirá apoyando la “Revolución”?
Hacer una revolución con dinero es fácil porque uno con dinero compra voluntades, motiva hasta al más escéptico y crea un ambiente de bienestar alrededor de los que directamente dirigen la revolución, pero el problema es que en Venezuela se está construyendo una gran revolución de la misma manera como en la visión profética de la Biblia en donde se construyó una gran estatua con los mejores y más fuertes materiales como hierro, oro, bronce, etc, pero cuyos pies los hicieron de barro (Libro de Daniel), así mismo está levantándose la revolución en Venezuela; se está erigiendo con el poderío del petróleo, pero este recurso no es eterno y su fragilidad es amenazada por sus innumerables amigos extranjeros que lo desean y disputan.
Para los ciudadanos y ciudadanas del común es muy difícil, imposible para ser sinceros, aceptar que los supuestos lideres revolucionarios y que ocupan cargos públicos como gobernadores, alcaldes, concejales, etc, ostenten una forma de vida burguesa, atiborrada de toda clase de lujos y copada de todos los estilos y maneras propios de los que tienen el poder de malgastar sus montones de dinero en lo que les apetece. El detalle no es que no puedan gastarse el dinero en lo que quieran, el detalle es ¿cuál dinero es el que se están gastando? Un verdadero revolucionario no necesita andar en lujosos vehículos, ser dueño de portentosas mansiones, hatos o fundos y menos aún cargar bajo el brazo un currículo lleno de títulos universitarios o académicos.
Un verdadero revolucionario es aquel líder que vive día a día untado de pueblo, es incluso el más humilde, el que menos posesiones materiales tiene y cuya riqueza no es otra que la de servir a toda la comunidad (Al mejor estilo Jesucristo y sus apóstoles que andaban con lo básico).
Un líder revolucionario no es el que anda prometiendo el cielo y la tierra para terminar engañando a los incautos que ilusionados lo ponen en los tronos públicos. Un líder revolucionario cumple con sus promesas y sus palabras son más efectivas que el efectivo, pero la cuestión es: ¿Contamos con esos líderes en Venezuela? ¿La mesura, la modestia y la humildad caracterizan a los actuales líderes venezolanos que dirigen el país?
Bien valdría la pena que los actuales gobernantes se detuvieran a pensar en el grave daño que le están ocasionando a la Revolución por su marcado apetito económico y sus conductas de orgullo malsano y arribismo con el que tratan al pueblo que regentan.
Ser revolucionario no es vestir ropas rojas, boina y exhibir fotografías del Che Guevara y Castro, no, ser revolucionario es tener el corazón suficiente para sacrificarse por los demás, es ser capaz de quitarnos la comida de la boca para dársela a quien se está muriendo de hambre. Ser revolucionario no es salir a las calles a formar guarimbas o mítines y menos gritar a voz de cuello “soy revolucionario” o “Patria, Socialismo o Muerte”, no, ser revolucionario es mucho más que eso.
Ser revolucionario es luchar contra la corrupción que se campea por las instituciones del estado, es hacer uso racional de los servicios públicos, es cuidar las plazas, las escuelas, las universidades, es preservar la naturaleza, es embellecer los barrios, las poblaciones enteras.
Ser revolucionario es aceptar a Cristo como el único Señor y Salvador, y ante todo no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran, en otras palabras, vivir y dejar vivir. Vivir bien y jamás a costa del mal vivir de otros, eso es ser revolucionario.
AMESDI SOMBRA Guasdualito, Apure, Venezuela, noviembre 2007
MI OPINIÓN
CHÁVEZ Y LOS HUESOS DE BOLÍVAR
Indistintamente de las razones que motivaron al ciudadano presidente de los(as) venezolanos(as) a indagar por las causas que llevaron al Libertador a la tumba, deberíamos tener en cuenta que a pesar de que la ciencia forense en los últimos años ha implementado métodos que con cercana exactitud nos pueden indicar de qué murió un antepasado solamente con la exhumación de sus restos sometidos a rigurosos exámenes, bien valdría la pena el preguntarnos si Nuestro Bolívar, (porque es nuestro, vivo o muerto, es patrimonio venezolano y suramericano que otrora el destino lo prestó para luchar contra la opresión de que eran presa otras naciones, pero que es venezolano y únicamente venezolano), estaría de acuerdo con que luego de su muerte, sea la que haya sido, su féretro se convirtiera en “ritual de zamuros” para convertirlo en un FESTÍN POLÍTICO.
Recordemos las sabias palabras de Bolívar cuando dijo: “Si mi muerte contribuye a la unión de las naciones…”, estas palabras indican que El Prócer era consciente de que su muerte, y solo su muerte a la larga definiría muchos de los acontecimientos políticos que imperaban en su época y ante los que ya no podía intervenir mucho en razón a su innegable enfermedad y a lo divididas que estaban las ideologías de gobierno en los distintos territorios anteriormente libertados por él y sus gallardas tropas.
El presidente Hugo Chávez, más allá de querer argüir la historia no solo para intentar otra explicación de la misma, sino con el objetivo de crear una clara división política entre los presuntos asesinos y el gobierno actual venezolano, división que grosso modo se convierte en una efectiva declaración de guerra entre patrias hermanas, debería encausar sus arremetidas bélico-verbales a otras causas menos cizañeras.
La historia patria como comúnmente se conoce, ha sido escrita, fidedignamente o no, a través de los años, por hombres y mujeres que en su mayoría han acudido a la tradición oral o sencillamente han sido relatores de los hechos heroicos contados con toques de fantasía por los mismos autores. Tal y como conocemos la historia, a mi modo de ver, me parece emocionante, excepto, y en eso sí estoy de acuerdo con el presidente, con que exaltemos históricamente a quienes avasallaron nuestros indígenas y saquearon nuestra tierra: Colón y el resto de conquistadores españoles depredadores.
Es verdad que tanto Bolívar como miles de patriotas lucharon por nuestra libertad hace más de dos siglos, y también es cierto que quien desconoce la historia está condenado a repetirla, pero hasta ahora la historia, tal y como existe, no le ha causado ningún daño a la generación actual y menos amenaza las generaciones futuras, entonces ¿Qué sentido tiene querer cambiarla o peor aún, que objeto razonable tiene intentar profanarla?
La historia es lo que es, y lo que hasta hoy conocemos deberíamos respetarlo, porque si hubo asuntos secretos que en su momento la modificaron, esos acontecimientos deben ser respetados también, porque sus razones tendrían.
Ese Bolívar que feneció por las causas que todos conocemos, ese Bolívar es apasionante, es el que ha hecho que muchas leyendas se tejan alrededor de una vida llena de glorias, derrotas, copada de amores y desdichas… en fin, una vida tan intensa que no entiendo por qué no la han llevado al cine mundial, salvo algunas producciones muy criollas por cierto.
Ahora bien, si la iniciativa de investigar los restos del Libertador hubiera sido de alguno de esos canales internacionales de televisión como Discovery Channel, The History Channel, (expertos en documentales), etc, habría sido interesante el estudio por el valor científico y antropológico, pero como lo que ocurre es meramente una propuesta con tintes políticos, no debe merecer la atención de nadie en vista de lo poco confiables que podrían ser los resultados.
Amesdi Sombra, Venezuela 2010
